EVANGELINE EL DESPERTAR

Fue dicho en un pasado que los sueños son el reflejo de nuestras vidas pasadas …

Una ventana hacia el futuro, que te ayudan a superar las pruebas que se avecinan; o simplemente; hacerte espectador de tu propia vida…

¿Qué harías si tu destino, dependiera de esos recuerdos, vueltos sueños? ¿Qué, si te revelaran que tus camino no podrán ser aquellos que tenias planeado?

Enseñándote que el futuro; es más incierto de lo que pensabas, y que deberás sobrevivir. Si quieres llegar… ¿Piensas que el mundo es simple? Yo lo hacía, yo si… lo hacía...


Parte IX Caos



Evangeline

—¿Quiénes son? —preguntó Eva por segunda vez después de unos minutos al sentir que algo en su interior se removía inquieto y hambriento. Una emoción de posesión absoluta brotó de dentro de su alma al observar detenidamente a los dos hombres desconocidos.  

«Deseo...», pensó Eva y paró el hilo de pensamientos tratando de entender su propia reacción. «¿Ella deseaba...?», reflexionó por un momento sobre ello y se dio cuenta que no era así. Ella no deseaba, ella... necesitaba —reflexionó después—. Ella necesitaba algo de ellos, más específicamente a ellos... —se dio cuenta.

Cuando trató de moverse, por un minuto se sintió mareada. Su visión se vio distorsionada cada pocos segundos como si estuviera empañada por un manto negro y pestañeó tratando de sacudírselo.

No lo consiguió, su visión iba y venía, no importaba lo que hiciera. Eva permaneció de pie contra la pared, observando esas dos siluetas masculinas como si no existiera mas nada en aquel cuarto. Trató de concentrarse en otra cosa. Cualquier cosa, así que se forzó a respirar lentamente. El inspirar y exhalar no la ayudó. Parecía que nada haría que los dejase de mirar.

Después ya no fue sólo verlos, quería acercarse nuevamente a ellos.  Así que dio un paso —involuntario de su parte ya que su cuerpo no parecía obedecerla por completo todavía— hacia ellos. La compulsión fue tan fuerte. Tan fuerte que...

—Eva...—dijo una voz suave detrás de ella, llamando su atención. Alejándola de los hombres. Esa acción produjo estragos dentro su mente. Emociones como rabia y furia ciega hacia quien la estuviera molestando. «¿Quién se atrevía?», exclamó esa parte nueva —o eso creía— dentro de ella. Esa que estaba embelesada por aquellos desconocidos. Aunque —Eva se percató— aquella persona no parecía ser consciente de su enojo porque volvió a decirle algo—. ¿Te encuentras bien?

La preocupación que notó en la cadencia de la voz —y el reconocimiento posterior que le atravesó la mente sobre quien era la dueña de la misma— la sacó de su ensueño. Pero el enfado se fue tan rápido que quedó medio mareada por el cambio emocional.

Eva giró la cabeza para encontrarse con la propietaria de la voz e inmediatamente sonrió al ver la cara de su amiga. No podía enfadarse con ella. Al menos —se dijo— no por mucho tiempo. Nunca por mucho tiempo. Suprimió esa parte dentro de ella que quería desgarrar a su amiga para que no volviera a levantarse.

—Emma... —le dijo Eva, llamándola al verla y cerró los ojos.

Emociones como en casa y a salvo le recorrieron el cuerpo. Emma era como su refugio, pensó Eva mientras abría los ojos nuevamente, y aunque en sus ojos no transmitía emoción alguna, notas de alivio se transmitían a través de una sola palabra:

—Emma... —la llamó nuevamente Eva, como si aquello pudiera anclarla de vuelta a la realidad. «Emma no la impulsaba a reaccionar sin pensar­ —siguió razonando Eva mientras observaba a su amiga—, Emma es algo seguro, conocido y estable».

Eva quería que su amiga se acercara a ella y la abrazara. Sentir que había algo sólido a su alrededor. Y como necesitaba que Emma se acercara, extendió su mano para que la alcanzara. Los brazos le pesaban un poco por lo que le tembló ligeramente el brazo al extender uno hacia su amiga.

Emma no dudó ni un segundo en acercase a ella viendo lo que quería, pero Eva notó algo en su mirada; reflejaba asombro e ¿inquietud...? Por lo que tuvo que preguntarse el porqué de aquello. ¿Era hacia ella? ¿Por qué?

Eso inmediatamente le resulto extraño y frunció el ceño. La había asustado por algo, se dio cuenta y recordó que se había desmayado. El alivio la recorrió otra vez al recordarlo. Hacía comprensible la forma de comportarse de su amiga. Emma siempre se preocupaba por ella. La inquietud de Emma era una reacción normal, se reconfortó Eva. Sobre todo porque ella también estaba preocupada por sí misma.  

Algo extraño le estaba pasando y los médicos no podían averiguar qué era lo que estaba mal. Cuando Emma se acercó a ella, y Eva dio un paso para cerrar la distancia, su visión se nubló y se desvaneció en la inconsciencia por completo.

Y esta vez se adentró en un sueño, sin sueños.



NARA

Nara no pudo evitarlo­ y tampoco es que quisiera hacerlo, pero avanzó y cargó inmediatamente con ella antes de que cayera al suelo. La humana no podría haber cargado con la reina y él no permitiría que se lastimara por nada en el maldito universo.

La muchacha humana —cuyo nombre recordó era Emma gracias a que su reina la había llamado— lo miró sorprendido por la velocidad con la que se acercó hacia ellas, pero lo dejó cargar con el cuerpo de la reina y no se alejó de él, o más bien de la que ella consideraba su amiga. Se quedó parada frente a él y no sé movió.

Interiormente reconoció que la muchacha poseía un valor impresionante al igual que el otro humano que se movió de donde se encontraba para llegar hasta donde estaban, él y la reina. Observó que el joven levantó una mano para tocar el rostro de la pequeña en sus brazos y retrocedió. No quería que otro la tocara.

—¿Qué te pasa?—le preguntó molesto el humano.
—No-la-to-ques... —pronunció lentamente Nara antes de dirigirse al Kairos—. ¿Por qué se ha desmayado?
—No se ha desmayado —le respondió tranquilamente.
—¿Cómo que no? —le exigió—. Se desvaneció demasiado rápido para...
—No está desmayada —le volvió a recalcar el Kairos—, sólo está agotada por su, hmmm... a falta de una palabra mejor, transición. Ella está dormida.
—¿Dormida? —preguntó Iommi mientras se acercaba a donde estaba él.

Nara, caviló que lo que el guerrero hacía era para que él no se volviera loco si el humano trataba de tocar de nuevo a la reina mientras la sostenía. Apreció el gesto. Ya que él no era completamente dueño de sus actos en esos momentos.

El Kairos asintió y volvió a repetirles que estaba dormida mientras rodaba los ojos hacia ellos.

—Bueno... —dijo la muchacha llamada Emma a modo de llamar la atención—, creo que es mejor dejar a Eva descansar en uno de los cuartos de invitados de la casa... —declaró y fijó la mirada en Zac para confirmación.

El humano respondió rápidamente con un asentimiento de cabeza y le dijo un brusco «sígueme» para señalarle las escaleras que lo guiarían hacia la segunda planta de la casa.

Él lo siguió —renuente como el infierno—, pero lo hizo. Su reina no necesitaba pasar necesidades mientras tenían un lugar en el que podía descansar. Así que se obligó a seguir al humano.

No tardaron mucho en llegar a una habitación. El humano lo llevó hasta la última puerta de la planta de arriba por un pasillo a la izquierda, el chico le abrió la puerta y entró antes que él.  

Nara lo siguió al interior y observó la habitación. Era sin lugar a dudas, adecuado y elegante, como cada pieza del lugar de la casa del humano. No un lugar excelente para que descansara la reina de Ceilenn, pero respetable y aceptable.

—Colócala allí —le indicó el muchacho con el dedo.

Nara observó que la cama de madera poseía cuatro pilares en los costados y las sábanas eran todas de tonos entre blanco y dorado. Después la llevó y recostó sin mediar palabra con el humano. Acomodó a la pequeña joven entre las sábanas apartándolas primero, después la envolvió parcialmente con ellas y se quedó parado en silencio mientras se daba cuenta de que estaba inquieto con la idea de alejarse de la reina. La estudió completa y detenidamente después de que sintiera que estaba cómoda.

La reina parecía... para describirla en una palabra: frágil. Cada rasgo que poseía lo atraía como ninguna cosa lo había hecho antes. Desde sus finos matices, sus delicadas cejas, hasta la exquisita forma de su cuello. Sus instintos protectores crecían a cada minuto por aquella muchacha de la cama.

La Leiann era interesante de observar. Ella era diferente. Los cabellos de la reina no eran largos como los de las mujeres de su pueblo, que podían llegar hasta por debajo de la rodilla. Estos sólo le llegaban hasta unos centímetros por debajo del hombro y... Oyó a alguien aclarándose la garganta cerca de él —frunció el ceño por aquello—, pero se quedó fascinado por lo que estaba haciendo. Sin darse cuenta, había estado jugando con el pelo de la joven reina.

—Debemos regresar abajo —le informó el humano llamado Zac antes de agregar—: Ella estará bien aquí. Nada la perturbará, haré que vengan sirvientes a revisarla cada diez minutos.

Nara no quería alejarse, pero se obligó a hacerlo. Tenía que saber más sobre la condición de su reina antes de hacer nada. No pondría en peligro la vida de la pequeña Leiann por su impaciencia.

—De acuerdo —le contestó antes de levantarse para encaminarse hacia la puerta y le costó toda su fuerza de voluntad hacerlo—. Vámonos... —concedió en el marco de la entrada, y cuando se volvió hacia el humano, vio que éste se había acercado a la reina lo suficiente como para tomarle la mano y apretarla suavemente para después dirigirse a la puerta hacia él.

Controlarse para no desgarrar al muchacho fue una batalla increíble, pero lo hizo. Se marchó con el joven —un poco alejado de humano por si su temperamento explotaba— por el pasillo de vuelta hacia donde estaban los demás ya que los otros no lo habían seguido hasta allí.

Cuando bajaron por las escaleras se cruzaron con la humana que les dirigió una mirada bastante neutral como si no quisiera dar a conocer sus sentimientos a nadie y luego se encaminó por donde ellos habían venido. Nara solamente no la detuvo porque vio que la humana se preocupaba mucho por la reina.


Emma

Ver a su amiga en ese estado estaba rompiendo todos sus nervios.

Quería seguirla arriba y quedarse con ella, pero no lo hizo en seguida. Esperó unos minutos para reponerse mentalmente antes de subir. Tenía que ver a su amiga y asegurarse que no le ocurría nada. Se encontró y pasó de largo a Zacarías con un gesto de asentimiento con la cabeza para él y el guerrero. Cuando Emma accedió al cuarto en donde se encontraba Eva y la observó detenidamente, la preocupación se alojó dentro de ella más fuertemente.

La conversación que habían tenido Zacarías y ella con los tres desconocidos rebasaba todo lo creíble. La incredulidad y la impotencia por hallar otra explicación mantenían su mente al borde de la negación más absoluta.

«Nada de lo que habían dicho podía ser cierto. No podía, ¿verdad? —se dijo tratando de convencerse—.Pero ¿qué otra explicación tenía para lo extraño de la condición de su amiga?».

Emma se acercó a la cama y se sentó en el borde, sosteniendo la mano de Eva mientras repasaba la conversación en su mente:

«—¿Por qué están detrás de Eva? —preguntó Zac directo luego de que todos se sentaran en los asientos del salón y segundos después de que se presentaran de forma vaga.
Bueno, no es tan sencillo de explicar, pero el alma de una reina habita dentro del espíritu de tu amiga Eva. Son dos almas dentro de un mismo espíritu. Esto no debería de haber pasado, pero ahora ambas comparten un mismo destino. Cada Leiann es la portadora de la vida de Ceilenn. Ella es la fuente de todo lo que existe en Ceilenn. Y los dos guerreros aquí presentes desean llevársela con ellos.
—Espera, espera, y ¿este Ceilenn...? —preguntó Emma.
—Un mundo aparte de este... claro —terminó el Kairos por ella.
—Eso no puede ser. Lo que están diciendo es absurdo. ¿Cómo que otro mundo? Ella es humana al igual que yo... —protestó Zac, negándose a creerlo—. Ella no es... Es rara, lo admito, pero no es esa cosa que dicen... una extraterrestre.
El Kairos pareció divertido con eso antes de responder con humor en sus palabras:
—Ella no es de otro planeta... es de otro mundo.
—¿Y cuál es la diferencia...?
—Verás, la diferencia es... —comenzó el niño a quien llamaban Kairos, pero no terminó lo que iba decir.
—¿Una reina? ¿Leiann? ¿De un pueblo que muere por la falta de su reina? Imposible —exclamó Emma, interrumpiéndolo en un tono incrédulo—. No puede ser verdad...
El Kairos levantó una ceja condescendiente hacia ella antes de responde—r: Un humano normal no expulsa millones de cargas de energía fuera su cuerpo. ¿Es que no viste lo que yo? ¿Tienes alguna otra explicación para lo que le pasa a tu amiga?
—Yo... —Emma trató de objetar.
—No es una mutante y esto no es X-men. Han visto demasiadas películas —objetó socarronamente el Kairos—. No importa si lo crees o no, niña. La verdad es la verdad sin importar cual forma tenga. Evangeline es la Leiann del mundo de estos dos guerreros —le explicó con calma señalando a los dos hombres—. Sólo un espíritu ahora y pertenece a Ceilenn. La Leiann de las leyendas del pueblo de estos dos guerreros ahora existe dentro de tu amiga.
—No puede ser... ¿Cómo puede ser posible? —preguntó Zac, también bastante escéptico a su lado.
—La forma o las circunstancias de este suceso me son extrañas —contestó pacientemente el Kairos a los dos.
—Entonces sabes... ¿por qué se desmayó Eva? —indagó Emma. Si no podían decirles cómo es que su amiga consiguió el alma de la reina, y no es como si aun creyese del todo en eso, entonces quería saber que le estaba pasando a su amiga.
—Ella está pasando por una... ¿metamorfosis...? hmmm... ¿un cambio...? ¿Transformación, tal vez? —les informo el Kairos, algo confuso en cómo explicarles lo que le estaba sucediendo e Eva—. Es como una transición que los Cely pasan cuando llegan a la madurez. Aunque claro, Eva es todavía bastante joven, así que en realidad su transición no está siendo del todo natural.
—¿Por qué no? —preguntó Emma rápidamente.
—Los Cely pasan por la transición al cumplir los 18 años. No debería de ser diferente de la pubertad que pasan aquí los humanos, pero de nuevo, Eva no es cualquier persona. Tiene el alma de una reina dentro de su cuerpo y ella no tiene 18, ¿verdad? —señaló el Kairos con suficiencia mientras ella y Zac asentían dándole la razón—. Pues bien, lo que realmente aceleró su... transición es que la otra parte de su alma, Leiann, está tratando de ir a su hogar...
—¿Quién es esa Leiann de la que tanto hablas? —preguntó Zacarías al Kairos.
—Ya lo dije; Leiann, es la reina de Ceilenn, y ese es el título que lleva la reina de ese mundo. Ceilenn es el hogar de Leiann. Evangeline está tratando de regresar a su hogar porque la reina así lo desea, o al menos una parte de su alma lo desea.
—¿A su hogar? —le inquirió de nuevo Zac al Kairos
—Así es, su hogar. Ceilenn, una parte de su alma está tratando de regresar y está forzando el despertar de su propia conciencia.
—¿Eso es peligroso? —preguntó el guerrero que sostenía a su amiga. El hombre se veía intimidante, pero no parecía preocupar al niño que respondía a sus preguntas tan pacientemente.

El Kairos asintió y Zacarías maldijo por lo bajo mientras Emma lo miraba reprobadoramente por lo que había dicho:
—Lo es. Naturalmente no se supone que una Leiann trate de forzar su propio despertar. Es más, eso no debería suceder. Pero creo que la reina está sintiendo las dificultades de Ceilenn y aunque Eva aun no es consciente del peligro que corre ese mundo, la reina sí lo está. Y Leiann, como el pilar y la fuente de Ceilenn, actúa en consecuencia. Eso siempre ha sido de ese modo desde el comienzo de los tiempos. Ceilenn necesita y la Leiann provee.
—Pero ella no está en Ceilenn ahora —repuso Emma al Kairos—, y no puede proveer lo que ese mundo necesita, ¿verdad? ¿Qué pasara entonces?
—La reina morirá... —les comunicó pensativo, tocándose el mentón, y agregó finalmente—: Ustedes no lo entienden, no lo entenderán realmente. La necesidad de mantener a salvo a su pueblo es mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Ella debe acudir al llamado de su mundo. Y el alma de Leiann que está dentro del cuerpo de su amiga no descansara hasta traspasar y llegar a Ceilenn. No importa si posee un cuerpo o no cuando traspase las barreras. Ya que sólo desea alcanzar Ceilenn.
—¿Qué quiere decir eso? ¿Sin un cuerpo? ¿Eva morirá? —preguntó Emma sin poder detenerse.
—Probablemente eso sería cierto en otras circunstancias, pero... parece que ella no está sola en su lucha contra la reina... —le contestó el Kairos enigmáticamente.
—¿Qué quieres decir?—indagó Zac.
—Lo que has oído. Eva tiene un guardián que evita que ella sea despedazada por Leiann —confirmó el Kairos.
—¿Y quién es ese guardián del que hablas? —preguntó Emma.
—Una reina, la verdadera Leiann... sólo posee un guardián sin importar de cuantas reencarnaciones provenga.
—No puede ser... —aventuró el guerrero que sostenía a su amiga—. Eso es sólo un mito. Nadie nunca lo ha visto o siquiera confirmado que...
—No pensé que aun existiera o fuera verdad, para el caso... — exclamó el otro uniéndose a su compañero.
El Kairos sonrió ante el asombro de los dos guerreros mientras Emma sólo se ponía impaciente por enterarse de lo que estaba pasando.
Pero Zacarías se le adelanto:
—¿Quién la está protegiendo?
—Leiann sólo tiene un guardián. El protector de la reina es llamado, por muchos del mundo Ceilenn, «El rey de las rosas».

Emma se sacudió y regresó abruptamente al presente cuando sintió que Eva se removía inquieta.

—Duerme tranquila, Eva —le susurró Emma mientras tocaba la frente de su amiga como lo haría con una niña que estaba enferma antes de agregar—: Duerme tranquila. Estoy aquí a tu lado.


Evangeline

El sol entraba a través de las cortinas de las ventanas de la casona. Dentro de la mansión de los Drent sólo algunos sirvientes estaban ya despiertos para realizar las tareas diarias. Todo estaba dentro de lo normal, o casi.

Una pequeña y cálida brisa penetró dentro de la habitación e hizo que Eva se removiera dentro de la cama. Sintió su cuerpo pesado y débil, como si hubiera estado enferma y estuviera saliendo de un cuadro de gripe.
Eva, a pesar del cansancio que recorría su cuerpo, se estiró levemente dentro de las sábanas y las sintió extrañas. Frunció el ceño medio dormida y volvió a removerse.

«¿Qué es esto? —se preguntó, oliendo las sábanas que la envolvían. Olían extrañas a las de su habitación. El olor era... ¿lavanda?—. ¿Desde cuándo sus sabanas olían a lavanda? ¿No sabía su madre que ella era medio alérgica a ese característico olor? No, espera, su mamá sí lo sabía. Inclusive —recordó en ese instante— una vez se lo había recordado cuando ella...».

Eva rememoró el instante en que capturó el aroma en una tienda a la que habían ido de compras y el olor le pareció tan dulce. Entonces su madre le había dicho con ese tono de voz que tanto la irritaba, que ellas no podían tener nada que oliera a lavanda o empezaría a estornudar.

Es mas­ —se decía mientras se restregaba tercamente entre las sábanas tratando de que el sol no la molestara queriendo dormir mas— ya estaba sintiendo la picazón en la nariz. Y con un estornudo, se levantó de golpe.

—Mierda... —dijo Eva en un susurro mientras se restregaba la nariz alejándose de las sábanas—. Demonios, me las pagará quien quiera que colocó lavanda en mis sáb... —terminó la oración abruptamente observando su entorno—. ¿Ésta no es…? ¿Dónde…?
«Oye, Sherlock, ya era hora de que te dieras cuenta», comentó cansinamente su voz interior». 
«¿De qué?», preguntó curiosa.
«Hola, ¿hay alguien aquí además de mi? Porque no lo parece. No estamos en nuestra habitación, genio», le contestó irritada su voz interior. Y luego le preguntaban a ella por qué estaba de mal humor en las mañanas.
«Ey, acabo de despertar, no me presiones, voz interior molesta», replicó enfadada.

—Eva... —le dijo Emma, con una voz adormilada a su lado quitándola momentáneamente de sus divagaciones interiores—, que bueno que despertaste. Estaba preocupada.

—¿Preocupada? —inquirió aun no del todo despierta.

«Raro, raro... —se dijo Eva—, ¿qué hace Emma en mi habitación?».
«Ya te dije no estamos en nuestras habitación —le aclaró nuevamente impaciente su voz interior». 
«¿No?», preguntó Eva, mirando nuevamente su entorno.
«NO», le respondió bruscamente su voz interior.
«¡Bueno no es para que me grites», le recriminó Eva a la voz dentro de su cabeza

—Sí... —le dijo Emma mientras la abrazaba—, ayer te desmayaste —le gritó mientras la sacudía ligeramente notando que aun estaba medio dormida—. Ya despierta... Eva, esto es grave...

«Demonios», pensó Eva, tratando de controlar su carácter mañanero. Y luego se congeló cuando las palabras de Emma penetraron su mente. ¿Qué dijo? ¿Que se había desmayado?

«Espera, espera —se dijo Eva así misma—, se había desmayado; cierto... No estaba en su casa; cierto. No estaba porque había estado en una de las fiestas de Zac; cierto. Y no había bailado, recordó; cierto también y que suerte —se dijo—, pero tampoco se acordaba de mucho de lo que pasó luego de que ella saliera al jardín y...». Eva estornudó nuevamente y alejó a Emma de ella para levantarse de la cama y pararse a un costado. Cuando lo hizo, un ligero mareo la embargó por completo.

—Cuidado, Eva, no te desmayes otra vez... —le dijo Emma al tiempo que la sostenía para estabilizarla y la ayudaba a sentarse al costado de la cama.
—¿Qué me pasó? —le preguntó a Emma de pronto, muy preocupada.
—Verás... —comenzó su amiga desviando la mirada—. Lo que pasó fue que caíste al suelo y luego convulsionaste en medio del jardín. ¿Recuerdas que estabas en el jardín?
—Sí... —le contestó vacilante Eva—. Lo recuerdo...
—Pues bien, eso es bueno, muy bueno —le dijo Emma como si lo repitiera más para sí misma que para ella—. Cuando tú empezaste a convulsionar, yo me preocupé y comencé a correr hacia ti para ayudarte. Pero de pronto me congelé en el lugar y entonces...
—Y entonces... —le dijo Eva a su amiga, animándola e impaciente porque se había detenido en la historia.
—Entonces... —dijo su amiga, pero unas voces las distrajeron a ambas.
—¿Dónde está? —preguntaba una voz detrás de la puerta cerrada de la entrada de la habitación.
—No creo que deban entrar —se escuchó otra voz amortiguada que contestaba a la primera. Eva reconoció que esa era la voz de Zacarías.
—¿Con quién está peleando Zac y por qué? —inquirió Eva de pronto, mirando la cara de Emma que parecía preocupada observando la puerta como si tuviera visión de rayos X y viera a través de la madera, o al menos parecía querer hacerlo.
—Bueno, de eso es... —empezó Emma, pero no terminó ya que la respuesta a su pregunta atravesó abriendo la puerta abruptamente.

Eva se quedó con la boca abierta mirando al gigante que atravesó su puerta con Zac siguiéndolo de cerca.
Emma le apretó el brazo de forma firme y ella se levantó para colocarse de forma instintiva entre la montaña de hombre y su amiga como si eso fuera a detenerlo. Pensamiento que le resultó absurdo luego de pensárselo mejor ya que… «¿Hola?». Ella era como un mosquito en comparación al tanque que atravesó la habitación para quedar frente a ella como un muro y luego —acción que le resultó incluso más hilarante que ella lo enfrentarse como si fuera un escudo—. El hombre se arrodillo frente a ella y le dijo mirándola fijamente a los ojos:

—Leiann, es un alegría inmensa que ya se encuentre bien...
Eva enarcó una ceja hacia Emma, luego a la montaña y preguntó dudosa:
—¿Lo es?
—Por supuesto... —le respondió la montaña.
—De acuerdo... pero mi nombre es Eva. No Leiann —fue todo lo que dijo y después volvió a mirar a Emma preguntándole con los ojos mientras tragaba saliva. ¿Qué demonios estaba pasando? Pero todo lo que Eva podía leer en el rostro de su amiga es que estaba muy nerviosa—. ¿Quién eres tú? —le preguntó Eva entonces a la montaña, ya que parecía que todos se le quedaban mirando y nadie respondía.

—Soy Nara —le respondió respetuosamente la montaña.
—Hola, Nara... —saludó Eva algo extrañada mientras se preguntaba dónde lo visto ya que le era familiar—. Un gusto conocerte... —le dijo. No tenía por qué enfadar al hombre siendo irrespetuosa cuando claramente no la atacaría, o eso pensaba—. Lo que quiero saber realmente es… ¿Quién eres de verdad? ¿Por qué estás aquí? O más específicamente, ¿por qué entraste en mi habitación? Yo no te conozco...
—Soy Nara de Ceilenn. El BEHLOR, regente de Theron, uno de sus consortes de Leiann.
—¿Consorte? ¿Behlor? ¿Y en qué país está Theron? —comentó confusa Eva, tratando de entender inútilmente—. Escucha, amigo, creo que tienes un ligero malentendido. Que digo ligero, mejor dicho, una enorme confusión. Yo no soy Leiann, me llamo Eva... —objetó otra vez mirando a Nara, luego a Emma y de vuelta al hombre a sus pies a quien secretamente tenía el impulso de tocar—. Mi nombre es Eva, te estás confundiendo... Emma, dile algo.

Eva esperó que sus amigos le dijeran algo al hombre que estaba arrodillado frente a ella, pero no vino ninguna objeción de parte de ellos. Y comenzó a tener un mal presentimiento sobre todo lo que estaba pasando. Tal vez, desmayarse sería una buena idea ahora mismo. Lo malo era, en realidad, que ya no se sentía débil una vez que el hombre llamado Nara había entrado al cuarto. Extraño.

Todo estaba comenzando a volverse realmente muy extraño en torno a ella y no le gustaba ni un poco, y las palabras que le dijo Emma no ayudaron a lo que estaba sintiendo:

—Eva, el hombre no te está mintiendo. Eres una especie de reina y quieren llevarte con ellos...
—¿Qué demonios? ¿Yo una reina? ¡¡Vamos...!! —exclamó Eva a su amiga. Emma afirmó con la cabeza diciéndole «sí» mientras Zacarías tenía el rostro resignado—. Vamos, no creerán eso, ¿verdad?
—Ah, una reina escéptica... —dijo un niño con un tono de voz divertida, que escogió ese momento para entrar al cuarto e inclinar la cabeza hacia ella ligeramente en saludo antes de agregar—: Su majestad, me alegra que ya esté bien...

Eva observó confundía al pequeño antes de que su carácter explotara finalmente por lo absurdo de todo lo que estaba sucediéndole.

—Esto es absurdo. ¿Quién creería semejante cosa? Y ¿quién es ese niño? —exclamó enfadada agitando sus brazos—. Mi duende personal... —gritó sarcásticamente hacia los presentes para que luego las lámparas explotaran a su alrededor y causara que un grito ahogado se le escapara de los labios antes de agregar—: Esto no es verdad... —exclamó quedamente mientras los recuerdos de lo sucedido la golpeaban dentro de su mente—. Fue solo un sueño... —repitió mientras observaba los focos rotos—. Un sueño, no fue verdad... — expresó en un susurro antes de sentarse de nuevo en la cama aturdida—. Yo realmente no hice eso, no lo hice...

La mente de Eva era un caos y que el hombre arrodillado se hubiera levantado para colocarse en su antigua posición, justo frente a ella, no ayudó a calmar sus nervios.

—Yo no lo hice. No fue real, todo fue un sueño... —repitió Eva mirando a los ojos del hombre que supuestamente era de otro mundo. Uno al cual decían que ella pertenecía, y lo más extraño era que no percibió la mentira en las palabras de ninguno de sus amigos y los desconocidos, o siquiera un indicio de que fuera una de las bromas pesadas de Zacarías—. No lo hice...

—¿Qué no hiciste? —preguntó el hombre llamado Nara, que no desviaba la vista de ella—. ¿Lo de las lámparas?
—No... —le contestó Eva aturdida mientras se daba cuenta que efectivamente había sido ella la que había destrozado los focos del cuarto.
—Entonces qué... Leiann. ¿Qué no hiciste? Dímelo... te ayudaré en lo posible si lo haces, contéstame. ¿Qué no hiciste? —le preguntó Nara con voz calma.

—Morir. Yo no morí... ¿verdad? —le contestó interrogante Eva, mientras un nudo se le formaba en la boca del estómago. 


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7 comentarios:

  1. Bueno¡¡ He aquí otro capitulo¡¡¡¡¡¡¡¡ Espero les guste¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ *o*

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  2. Ya era hora de que escribas algo ....-.-...(mirada de reproche)---(Mas reproche)---(SUPER REPROCHE) ajajajaj....no pero ya en serio...me habia quedado con ganas de seguir leyendo......tal vez debe ser que lei muy de golpe y entonces no alcance a disfrutar lo suficiente de la novela y reflexionar al respecto...:/....pero bueno el dia que decidas empezar una nueva narracion yo estare ahi (Oda clava su bandera en el blog de Neiglo)....porque asi soy.....todo comienzo es el principio de algo hermos..y en tu casa..pss..rebasas las narraciones que se caracterizan por su hermosura y riqueza lexica...:D....gracias por estar siempre presenten en mi blog....nunca podre agradecertelo por completo..pero en fin...no me ire mas por las ramas...que tengas mucha suerte...y que siempre conserves tu mente para escapar al mundo de la fantasia...(UN LUGAR ONDE YO QUISIERA VIVIR -.-)

    Nos vemos :D

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    1. No.. me mires así (nei se esconde detrás de una pared a medida que crece la intensidad de su mirada) Me alegra que te haya gustado. Muchas Gracias por tus palabras¡¡¡¡¡¡¡¡¡ *o*
      Te doy permiso para que coloques tu bandera... _ ajjajajajjajja
      (Estoy siempre en tu blog para ver a kaname y Zero ajjajaja es broma) Me gusta tu historia. Y Ruka es genial¡¡¡¡¡¡¡¡ (aplauso)

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  3. Adore el comentario de los X-men jajaja
    Pobre Eva, recien despierta y parece que todos conspiran en su contra (todos saben lo que ocurre menos la pobre U.U)
    Me dejaste con ganas de otro capítulo ^^
    Ya la quiero ver montada en el lomo de un dragón!!!!

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    1. Que bueno... ajjaj yo también me reí de eso jajajajaja (¿como un guardián sabe de ellos? ajjajajajja) Si todos lo saben menos ella. Pero ya se enterara.... (jujujujujuju)
      Bueno a ver si cuando ve al dragón en realidad quiera acercarse o no jajjajajajajjaaja
      Ya estoy escribiendo el próximo..¡¡¡ *o* espero terminarlo¡¡¡ para subirlo...Muchas Gracias por el comentario¡¡¡¡¡ *o*

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  4. Me gustó mucho esta entrada. Tenía razón, la protegen. La historia del destino de Ceilenn y su reina fue más que interesante, y de seguro hay más.
    Te felicito.
    Saludos.

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  5. Muchas gracias por tus comentarios¡¡ *o* Si hay más, creo... todo un mundo dependiendo de una joven jjijijijijijijiji Me alegro que te guste¡¡ *o*

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Ahora decide: tus palabras o tu alma ¿cual eliges?

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Evangeline la reina de la oscuridad by Gloria Neiva Antúnez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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