EVANGELINE EL DESPERTAR

Fue dicho en un pasado que los sueños son el reflejo de nuestras vidas pasadas …

Una ventana hacia el futuro, que te ayudan a superar las pruebas que se avecinan; o simplemente; hacerte espectador de tu propia vida…

¿Qué harías si tu destino, dependiera de esos recuerdos, vueltos sueños? ¿Qué, si te revelaran que tus camino no podrán ser aquellos que tenias planeado?

Enseñándote que el futuro; es más incierto de lo que pensabas, y que deberás sobrevivir. Si quieres llegar… ¿Piensas que el mundo es simple? Yo lo hacía, yo si… lo hacía...


Parte VIII Despertar



Evangeline

Todo lo que primero vio Eva fue una oscuridad que la rodeaba por completo.

Estaba como atrapada dentro de la propia noche —estaba asustada— la sensación era sofocante, asfixiante hasta que se encontró desesperada en busca de aire. Quería su libertad en ese instante...

«Quiero... —suplicó en su mente sintiendo sus ojos pesados como si fuera a llorar— el sol, la luz...». Y cuando la desesperación la invadió, una luz la rodeó por completo dejándola casi ciega y aturdida.
Momentos después se halló a sí misma sentada sobre sus piernas parpadeando aturdida en medio de un pequeño prado con un intenso olor a jazmín rodeándola.

Hola... —escuchó que le decían en un suave susurro—, ¿se encuentra bien?
Eva se llevó la mano a la cara y se restregó los ojos con los dedos repetidamente mientras respondía:
—No sé... —Y obtuvo una pequeña risa en respuesta.

Volvió a parpadear tratando de poner orden dentro de su mente —estaba asombrada por lo que la rodeaba cuando debería estar más asustada—, y cuando por fin logró echarle un buen vistazo a quien se estaba riendo de ella, se dio cuenta que éste era sólo un niño. «¿Qué hace un niño aquí?» —donde quiera que fuera, se dijo—. «¿Y por qué se reía de ella?» —Eso la enfadó, pero otra idea le vino a la mente—. «¿Por qué ella...?».

Los recuerdos de los últimos minutos antes de que la embargara el dolor y la oscuridad volvieron en tropel en engañosas imágenes:

«Las voces dentro de su mente, la advertencia que recibió de la voz del hombre y casi todo lo que había olvidado cada vez que despertaba y también de la mujer que vio al final; que de sonreírle pasó a estar enfadada cuando las rosas le impidieron avanzar hasta ella y... y el precipicio...».

Tan pronto como recordó eso se agitó con una emoción muy fuerte parecida al miedo. Una presión de angustia le creció dentro del pecho que parecía intensificarse con cada detalle del recuerdo.

«Casi habría caído al vacío —se dio cuenta— si las rosas no le hubiesen impedido el paso...», sopesó con aprehensión mientras la realidad de todo la golpeaba.
—¿Sabes que si frunces el seño por mucho tiempo, la frente se te quedara así? Es decir, toda arrugada... ¿sabes? —le dijo el pequeño frente a ella, sonriendo.

 Distrayéndola de los tormentosos pensamientos para después alejarse de ella y recoger las flores de Dientes de león por donde pasaba,   luego las soplaba para que el viento se llevara las semillas que se desprendían con facilidad.

Eva sacudió su cabeza y se pasó la mano por la frente antes de levantarse del suelo. Sacudió un poco el vestido blanco que llevaba antes de seguir al pequeño, todavía agitada por el hilo de sus pensamientos, pero con algo de alivió porque estaba haciendo algo más que sólo estar atrapada dentro de sus pensamientos.

—¿Dónde estamos? —le preguntó de pronto al niño después de unos minutos de andar por el campo fijando su mirada en todo lo que la rodeaba. No reconoció el lugar en el que se encontraba, así que su mente volvió a sumirse en una reflexión. «¿Dónde había estado antes de que la voz de aquella mujer se introdujera en su sueño? Con Emma, ¿verdad? ¿En una fiesta? ¿Eso era un sueño...?», se cuestionaba a cada paso mientras esperaba que el niño le respondiera.
—¿Cómo?­ —Fue lo que el pequeño finalmente dijo, mirándola con unos hermosos y grandes ojos del color de los cielos—. ¿No sabes en dónde estás? —inquirió de nuevo hacia ella y se paró al instante para voltear a verla.
—Pues no... Por eso te lo pregunto... —le dijo de forma cortante y algo enfadada de manera que insinuaba que era obvio que por algo estaba indagando acerca de donde se encontraba.
—Pues... eres extraña, ¿sabes? Todos los que venimos aquí sabemos dónde estamos... —le contestó con una sonrisa que supuso pretendía tranquilizarla—. Pero si no lo sabes realmente... no puedo decírtelo.
—¿Y por qué no? —le exigió Eva al pequeño omitiendo que le dijera extraña, ella realmente ya estaba acostumbrada a aquel adjetivo para describirla.
—Porque si no lo sabes, es porque aún no deberías haber llegado aquí. Claro. Entonces mi deber es devolverte...
—¿Devolverme? ¿Tú sabes... cómo puedo llegar a mi casa? —inquirió Eva de pronto entusiasmada.
—Claro, todos los que llegamos aquí sabemos dónde estamos, como llegar y como salir...
—Pues yo no... lo sé —le aclaró al pequeño, que la miró con una extraña expresión divertida antes de responder.
—Y es por eso que eres extraña... —le indicó el chico que no tendría más de doce o trece años, tal vez mas o menos. Eva no estaba muy segura de eso y después de un tiempo, él pequeño agregó—: Vamos, te llevaré a la salida...

Eva asintió con la cabeza y lo siguió por un largo camino hasta un pequeño precipicio al borde de un acantilado a unos metros de donde se había levantado, lo cual la extrañó.

«Esto no estaba aquí», expuso entrecerrando los ojos. «No lo estaba», afirmó y se encontró sopesando como habían llegado tan lejos. Algunos lapsus de sus recuerdos se sentían entumecidos como si evitara pensar en los detalles del camino que siguió para llegar hasta donde se encontraba en ese instante.

Cuando se acercó a la orilla del vació, sintió curiosidad y se reclinó solo un poco y miró hacia abajo. Sintió mariposas en el estómago cuando vio lo que había.

No vio nada ahí excepto un montón de niebla blanca que se arremolinaba claramente inestable no dando vislumbre de que tuviese algún fondo. Y como su pequeño guía se había quedado tanto tiempo callado detrás de ella, le preguntó distraídamente aun mirando hacia los remolinos blancos como hipnotizada por las formas que se creaban con la niebla:

—Y bien... esto, ¿y... la salida?
—La estás viendo —le dijo firmemente el pequeño antes de empujarla y que ella cayera precipitadamente al vació lanzando un gran grito de sorpresa y miedo. Su pensamiento más coherente al ser lanzada de esa forma fue:
 «¡Dios, moriré!», cerrando los ojos fuertemente, sintiendo nada más que el frío aire debajo de ella mientras caía.


Iommi

Iommi observó como el joven humano entraba por la misma puerta de la que había salido. El chico estaba siguiendo las órdenes del Kairos de vaciar su casa para que ellos pudieran hablar. Después de todo no había forma de que lo alejaran de la reina.

Todos en el jardín construían una extraña escena.

Dos jóvenes humanas; una medio llorosa tratando de controlar sus emociones aún dispersas y la otra inconsciente.

Y por otro lado estaban ellos dos —guerreros Belhor de su especie— que eran unos desconocidos para las dos jóvenes y uno de ellos sostenía en sus brazos a la chica que estaba inconsciente y sin contar con el Kairos que había optado por una forma nada amenazante pareciéndose un niño pequeño.

Iommi sacudió la cabeza y se pasó la mano por el pelo en un gesto nervioso que pretendía calmarlo. La reina Leiann emitía pequeños destellos de energía que lo llamaba a acercarse, la compulsión de tocar su piel o cualquier parte del cuerpo de la reina era muy poderosa.

Dirigió otra vez su mirada al joven humano que se acercaba a ellos, debía admitir que el muchacho hizo un buen trabajo en lo que fuera que hizo para alejar y vaciar su casa tan rápidamente­ ya que hacía sólo unos veinte minutos antes, su casa estaba medio llena y ahora estaba absolutamente vacía.

La muchacha que —según había escuchado antes— respondía al nombre de Emma también se dio cuenta del regreso de su amigo y pareció aliviada de que él muchacho regresara.
Luego regreso su mirada a la reina —la muy humana Leiann— en los brazos de Nara con incertidumbre reflejada en los ojos

 «Madre ayúdanos —oró para sus adentros antes de pedir otra vez—, sólo un poco más, madre. Ya tenemos a nuestra reina. Solo un poco mas y nuestro pueblo estará a salvo. Guíanos madre...».

—Ya está. Es tiempo de que hablemos... —les dijo el humano irrumpiendo el silenció en el que se habían colocado cuando desapareció. La mirada del chico iba de ellos a la de su amiga en brazos de Nara y luego a él, Iommi, que estaba junto al Kairos quien aun poseía la forma de un niño. El muchacho sacudió su cabeza y se dirigió hacia Emma y les dijo al resto—: Pasemos. Ya no hay nadie... —les indicó antes de girar con Emma a quien llevaba de la mano y guiaba hasta adentro.

El Kairos caminó junto a él hasta que todos entraron, en lo que ellos le dijeron que era una sala, y les indicó sentarse en los sofás que había en la habitación.

Nara en ningún momento hizo ademán de querer soltar el cuerpo de la reina.
Así que la llevó en brazos, cargando su peso sin ningún esfuerzo, y tomó el asiento con la reina Leiann en sus brazos como si fuera la cosa más natural del mundo que él la cargara. 

«Y tal vez si lo fuera...», sopesó Iommi aun resistiéndose a la compulsión de acercársele.

No sabían lo que estaba pasando. Nadie les dijo lo que podía pasar cuando los Belhor —futuros consortes de una reina— podía hacerlos sentir al tenerla tan cerca.
Claro que había leyendas y algunas que otras impresiones que relataban los antiguos, pero... la relación que la reina llevara con sus consortes siempre fue un secreto bien guardado por las sacerdotisas.

Ya que sólo los verdaderos consortes podían recibir la preparación para el MITEM, que era un ritual de purificación del espíritu y de la entrega del conocimiento para el que el consorte se uniera a la reina como su compañero para siempre.

Y por supuesto que para que alguno de ellos pudiera recibir ese ritual la reina Leiann habría nombrado al consorte para ella, de otro modo jamás conocerían los procesos del acoplamiento. Después de todo sólo los Belhor eran los únicos capacitados para llegar a ser los compañeros de Leiann y ella sólo escogía a los más hábiles y fuertes de entre todos ellos.

Iommi sacudió su cabeza y se obligó a regresar al presente y cuando cada uno de los otros se fue acomodando, el silencio se extendió en la sala. Que sólo fue interrumpido por un pequeño estremecimiento que recorrió el cuerpo de la reina cuando Nara la alejó un poco y la reacomodaba.

Pero cuando se dio cuenta, el guerrero la acercó rápidamente otra vez a su cuerpo.
—No la separes de tu cuerpo de nuevo... —comentó el Kairos seriamente y todos lo miraron.

—¿Por qué? —preguntó la joven y el Kairos sonrió de manera condescendiente antes de responder.

—Porque si lo hace... la perderán para siempre.

Nara

Nara acomodó a Leiann más cerca de su cuerpo y aspiró el aroma de la reina. Ella olía a rosas. Pero cuando las palabras del Kairos penetraron la bruma de deseo que le recorría el cuerpo, se obligó a despegar sus ojos de ella bruscamente para mirarlo.

El Kairos aún poseía la forma de un pequeño niño y estaba sentado tranquilamente con un aire de tranquilidad rodeándolo mientras les arrojaba la noticia.

—¿Qué? —exclamó—. ¿Cómo podría suceder eso? ¿Y por qué? —exigió después en un tono firme mientras sus ojos se volvían más negros que antes, otorgándole a él un aspecto aun más amenazador.

Estaba tan conmocionado y a la vez enfurecido por lo que estaba pasando que no pudo controlar la ira en su tono de voz, por lo que esas palabras significaban.

—Nara... —intervino Iommi otra vez—, te lo dije antes, debes calmarte... no es momento para que te vuelvas un loco... no si de tu cercanía depende el bienestar de la reina. Recuerda que estamos aquí por una razón... —continuó ahora mirando a la pequeña reina en los brazos de Nara—, por Ella.

Nara respiró lentamente un par de veces antes de calmarse mientras los dos humanos en la sala miraban atentos tratando de entender lo que pasaba pero sin lograrlo.

—Nosotros también queremos saber qué significa eso... —afirmó Zac
—Sí, ¿qué es lo que está pasando? ¿Por qué no pueden darnos a Eva? ¿Quiénes son ustedes? —Y mientras Emma decía eso, pasó sus ojos por cada uno de ellos.
El Kairos colocó sus manitas juntas y los miró atentamente antes de responder a las preguntas que le lanzaron. Y con un suspiro dijo:

—Hmmm... ¿Cómo se lo explico?
—Rápido, claro y sin rodeos sería algo bueno —ofreció Zacarías que parecía nada intimidado por los guerreros. Pero en sus ojos se reflejaba preocupación que seguramente iba dirigido a su amiga en bazos del gran hombre sentado en el sofá con Eva en brazos—. Dijiste que explicarías que está pasando aquí... así que dinos por qué Eva esta así y que es eso de que no regresará. ¿Y a que se refieren con eso de regresar? Eva está sólo inconsciente. No sé por qué se desmayó pero cuando se recupere... —dijo el humano, pero sin terminar su frase.

«Sí», pensó Nara, él también quería saber por qué rayos estaba pasando todo eso. Pero la reina Leiann se iría con ellos y el humano no era un obstáculo para ellos.

El Kairos suspiró ligeramente como si estuviera en frente de unos niños a los que no sabía cómo explicar los intrincados misterios de la vida y estaba tratando profundamente de pensar cómo hacerlos entender.

IOT DAD CONUT MISEAR, IQUENOT UNI DA ROT. INIQUETUD NON, MANIN TI RO[1].

El Kairos observó a Nara utilizando el idioma de los guardianes y se encontró sorprendido por ello. Y después de un instante se encontró riendo fuertemente por el descubrimiento y aplaudió para luego mirarlo tratando de descifrar al guerrero.

KANAT MOO RE NI KOT, HITA NUE Nara[2].
NI MOO UNEN KOT, Tharaa —ofreció Nara al Kairos
—Oh, así que fue la pequeña... —respondió el Kairos con un brillo en la mirada.
—¿Así que la conoces...? Bueno... ahora ya no es una niña... —le dijo Nara después.
El Kairos se vio triste por ese hecho y le dijo:
—Sí, lo sospechaba. Todos los niños crecen... algún día. Es una lástima, pero la vida es así.
Emma y Zac se le quedaron viendo confusos ya que no entendieron nada de lo que se estaban diciendo.

—Bueno... —dijo Nara algo inquieto—. ¿Por qué ella podría desaparecer? Explícalo sin rodeos... guardián.
—De acuerdo. Pero primero debo explicarles que cuando... —El Kairos miró a Emma y a Zac y luego de vuelta a los guerreros—. ella nació el alma de Leiann se unió al de Eva. Y por tanto ella es en parte humana. Si ella no acepta su petición de ir a Ceilenn... ella no dejará el Shalm. Y eso está fuera de discusión.

Tanto Nara como Iommi se le quedaron mirando sopesando lo que les había dicho.

—¿Qué demonios quiere decir eso? —exclamó Zacarías pasando sus ojos de uno en uno en todos en la habitación.
—Eso quiere decir... —les dijo el Kairos a los humanos mirándolos—, que estos dos guerreros no son de este mundo y que la amiga que ustedes conocen como Eva, es su reina.
—¿Eh? —dijeron Emma y Zacarías al mismo tiempo, lo cual el Kairos encontró divertido—. No puede ser...

El Kairos se encontró después serio y empezó a explicarles lo que sucedía. Desde la razón por la cual sabían que Eva era la reina, hasta él por qué del ataque de Eva hacía sólo unas horas.

—Eso es imposible... —dijo Emma tratando de recuperarse y asimilar todo.
—¡Dios! Eso no... —dijo Zacarías restregándose el pelo—, quiero decir,  demonios...  no puede ser cierto —susurró incrédulo mirando a Eva cuya piel ahora estaba brillando.

—¿Qué le sucede? —pregunto Emma, quien también vio lo que le sucedía a su amiga. Eva ya podría ser un personaje de supernatural o algo más extraño si es que había tal cosa, pero era su amiga. Y lo más cercana a una hermana que Emma tenía. No se alejaría de ella y Zacarías tampoco.

—Está terminando su transición —les explicó—. Y muy pronto despertará...


[1] Sabes que el entendimiento de mi pueblo, llega más allá de la realidad. No te preocupes, lo entenderemos.
[2] —Quién te enseño mi lengua, guerrero Nara.
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Evangeline

«¡Despierta...! ¡Despierta!», se repitió una y otra vez como si fuera un mantra y en cualquier momento fuera a ocurrir lo que estaba pidiendo

«¡Mierda, mierda... despierta, Eva», se apremió con temor. «¡Despierta!», se dijo hasta que sintió que se quedaba muy quieta y la sensación de caída se esfumó, encontrándose de pronto yaciendo boca arriba en el frío suelo, con los ojos firmemente cerrados,  apretando sus manos en un puño mientras su corazón latía salvajemente dentro de su pecho.

Todas sus alarmas se despertaron como si presintieran que el peligro estaba cerca. Era una inquietud que se formaba allí en el borde de su mente. Todo ese caos dentro de su mente hacia que Eva se quedara quieta, muy quieta, mientras su corazón le tronaba en los oídos.

Trató de calmarse; respiró profundamente varias veces y sólo después de unos minutos pareció que el ritmo agitado de su corazón se estabilizó, pero no completamente.

Y con la calma, el ruido del lugar empezó a atravesar su mente y comenzó a percatarse de que existían más cosas en donde quiera que ella se encontrara.

El suave sonido de las gotas de agua caía en una cadencia constante dentro sobre una superficie líquida. Sus sentidos se concentraron en el sonido de las gotas, mientras sus ojos seguían cerrados. Tenía miedo de abrirlos.

Una gotita...
Dos...
Tres...

Con el sonido de la última gota abrió los ojos llenándose de un vago e ingenuo valor para ver el lugar en donde había ido a dar esta vez. Notó primero que estaba en una cueva, se dio cuenta que la superficie encima de ella estaba hecha de rocas con afilados salientes en forma de pico.

«Espero que no me caigan», sopesaba mientras sabía que con la suerte que llevaba probablemente toda la cueva se derrumbaría sobre ella, después de un instante se obligó a no pensar en ello.
Eva respiro dos o tres veces antes de levantarse con cuidado sobre sus manos y voltear para observar mejor el sitio y se sorprendió al ver que en el lado derecho había lo que se podría considerar una pequeña fuente de donde provenían los sonidos de las gotas. Aunque el líquido del agua poseía un color extraño entre plateado y el blanco. Minutos después percibió que todo el lugar olía a rosas, un aroma que le resultó familiar, luego sonrió al recordar por qué; su madre, usaba un perfume que olía a ellas.

El familiar olor que le recordaba a su madre hizo que se sintiera un poco mejor y con algo más de valor para ponerse por completo sobre sus pies y tratar de hallar una salida.

Giró sobre sí misma y no tardó mucho en darse cuenta de la pequeña abertura en la pared de piedra y que de la misma provenía un pequeño brillo que seguramente —caviló después de verla— la llevaría hacia el exterior.

Trató de dar un paso y se miró a sí misma. Quedó sorprendida al notar que aunque sintiera completamente el frío suelo, su forma no era solida y que de su cuerpo salía una tenue luz. Observó sus manos sorprendida al poder ver a través de ellas, su respiración se volvió algo agitada e inconstante, apretó sus manos en duros puños para no ceder al pánico que parecía volver rápidamente a ella.

Llevó sus manos a su rostro y lo cubrió con ellas restregándolas constantemente sobre sus ojos, «calma... calma...», se dijo una y otra vez en un susurro hasta que finalmente pudo encontrarse a sí misma para avanzar y salir de aquel lugar. Necesitaba salir, porque aunque logró serenarse medianamente, deseaba desesperadamente ir a un lugar más abierto.

Así que avanzó apresuradamente mientras los bordes fantasmales de su vestido rozaban el suelo y su figura se desplazaba por el camino de arena de la cueva sin dejar si quiera un rastro. Como si ella realmente no estuviera allí.

Cuando estuvo en el umbral de la cueva y salió al exterior, la luz del sol la desorientó ya que sus ojos sólo estaban acostumbrados a la oscuridad en la que había estado todo ese tiempo. Parpadeó varias veces para aclarar los puntos negros que se formaron en su visión por el exabrupto cambio. 

Un fuerte viento azotó su rostro trayéndole lo que ella reconoció como el olor del mar. Cuando su visión se aclaró, pudo observar que frente a ella estaba el saliente de un acantilado. Dio dos pasos rápidamente y observó que tras ella el paisaje era, en una sola palabra, magnifico, tanto que le robaba el aliento.

Sintió que de nuevo se agitaba en su interior y trató de concentrarse.

«Eva, este no es momento para alterarte», se dijo reprendiéndose y llenándose de un vago valor que ya no sentía e inclinó su cabeza hacia el suelo. De pronto, un pequeño hormigueo le recorrió el cuerpo y tomó conciencia de que ya no se encontraba sola.

Levantó el rostro y observó que una mujer se dirigía corriendo hacia ella directamente. Mientras el cabello le cubría parcialmente la delicada línea de su rostro cuando se acercó a menos de tres pasos de ella, quiso hacerse a un lado, pero no pudo ya que la atravesó de pronto como si ella no fuera más que humo o un espejismo irreal en su camino.

Eva volteó sorprendida por aquel acto y observó como la mujer cuyos cabellos color miel,  que eran ondeados por el viento, estaba ahora parada de espalda a ella. No supo cómo, pero se sintió ligada a aquella mujer de alguna manera.

Y sólo instantes después sintió que su insustancial cuerpo era atraído cerca de la mujer que la había atravesado y entonces comprendió por qué ella se encontraba allí. La mujer sentía mucho, mucho dolor. Una angustia que nadie podía calmar completamente y había ido a ese sitio a pensar y meditar sobre su estado. Ya que necesitaba mejorar para seguir con su vida.

Eva sintió en ese instante que estaba unida a aquella mujer acuclillada en el suelo. Sus sentimientos y emociones resonaban como una. De pronto la mujer se levantó sobre sus pies de nuevo y pudo observar mejor su rostro. Era hermosa, tan hermosa que no parecía real. Tenía una mirada perdida mientras grandes lágrimas salían de sus ojos como si fuera una lluvia de hilos de cristal.

El dolor que Eva sentía no era suyo, era de la mujer que tenía frente a ella. Este dolor era provocado porque había perdido a alguien que era muy preciado en su vida.

Ella observó como la mujer se limpiaba las lágrimas, se acercó al borde y miró hacia abajo del acantilado. Donde las olas se alzaban constantemente y se desasían al chocar con las rocas empinadas al pie del risco. Por un momento, Eva temió por la mujer y esperaba que no se le ocurriera saltar por la desesperación que estaba sintiendo por la perdida. Y para su alivio, no lo hizo.

Y la mujer acabó lanzando un suspiro tembloroso y volteó, y por un segundo creyó que la mujer la estaba viendo a ella. Abrió los ojos y se calmó cuando observó que realmente fue sólo una impresión. Eva se giró para mirar lo que atrajo la atención de la mujer y alejó la soledad de su corazón.

Lo que vio, la dejó congelada por un instante. Eran tres hombres que vestían casi de forma similar y cuyos ojos estaban posados en ellas, es decir, en la mujer. Cada segundo que pasaba Eva se estaba sintiendo más y más unida a ella. Como si sus pensamientos no pudieran separarse de la mujer. Percibió el momento exacto en el que la mujer decidió responder al llamado silencioso en los ojos de los tres caballeros lejos de ella.

Y sintió como de pronto ella y la mujer se fundieron. Eva estaba —se dio cuenta— dentro del cuerpo de la mujer ahora. Cuando la mujer dio un paso, ella también lo hizo.

Ellas. «No», se dijo la mujer al que pertenecía el cuerpo en el cual ahora se encontraba, necesitaba acercarse a ellos. Así que cuando dio un paso se sorprendió de la sombra que le impidió el paso. Los labios de la mujer se entreabrieron por la sorpresa y levantó la vista para ver el rostro de la persona que les impedía el paso.

Eva y la mujer se quedaron congeladas ante la mirada de odio y desprecio que se reflejaban ante ellas. Una mirada fría color esmeralda se posó en ellas y se dio cuenta que él quería dañarlas. Pero no pudieron hacer nada.

La persona que les impidió el paso sacó una daga que la mujer reconoció con temor y horror. Eva no pudo captar toda la información que le sobrecargaba sobre por qué deberían temer a esa daga además del hecho de que era un arma.

Pero todo eso pasó en un segundo; el reconocimiento, el terror y la puñalada en el pecho que recibieron de él.

Eva gritó por el dolor que le provocó la puñalada, pero de la mujer a la que estaba unida ni siquiera un leve sonido brotó de sus labios que mantenía fuertemente apretados y eso no fue todo lo que esa persona que las miraba con odio y desprecio les hizo; sino que al mismo tiempo las empujo al vacio que se hallaba tras ellas. En donde las olas esperaban para envolverlas en un frío abrazo en el que sólo la muerte sería el resultado final que las esperaba.

«No...», gritó Eva mientras su alma se rompía en mil pedazos, que se dispersaban en el caos de su mente y la dejaron en la nada.

El shock fue tan grande que la envió de regreso a la realidad.

Sintió que era sostenida y se sacudió del abrazo en el cual se encontraba; rodó por encima del sofá y se dirigió hacia el suelo llevándose la mesita con la lámpara al suelo cuando cayó.

Se arrastró por el piso como si no pudiera sostenerse por sí misma, medio borracha y con la visión algo borrosa, se pegó a la pared y poco a poco se valió de la misma para levantarse despacio, recostándose no fiándose de las fuerzas de sus piernas o brazos.

Eva observó parpadeante unos minutos toda la sala y se fijó en que todos en la sala se la quedaron mirando también. Se sorprendió al observar que había tres desconocidos en la sala junto con Emma, Zac y ella misma. Miró a los desconocidos y sintió algo extraño removerse dentro de ella en respuesta a los dos hombres frente a ella.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó suavemente, pero dentro de ella sabía que ya conocía la repuesta.

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8 comentarios:

  1. wiiiiii, ya est la parte Viii jojojo espero les guste¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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  2. Aaahh, Nei, claro que nos gusta. Pobre Eva,son dos personas en un cuerpo,me pregunto como avanzará esto.
    Me encanta esa relación tan extraña que hay entre Eva y los príncipes, estoy deseando saber que pasará entre ellos y Zac, creo que a este último no le gustan mucho.

    Me ha gustado mucho el nuevo cap. Un beso ^^

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  3. Graciasssssss¡¡¡¡¡¡¡¡¡ *o*
    Me alegra que te gustara¡¡¡ (ojitos brillantes)

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  4. Al fin desperto Eva!!
    Ay, pobre mujer que apuñalaron T.T
    Ya quiero el siguiente capítulo!!

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  5. Si,ya despertaron y a esa mujer la apuñalaron¡¡ (Q_Q) jojojojojojo
    Me alegra que te haya gustado¡¡¡ *o*

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  6. El capi siguiente ya esta lo que pasa es que debe ser corregido *o*

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  7. Estupendo, la comunidad se va armando de a poco. Eva corre peligro, pero alguien parece protegerla.
    Kairos un genio ;)
    Sigo.
    Saludos.

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  8. Si todo se va armando! El kairos es genial jejejjeeje :D Si.. alguien aparece para protegerla jojojojojojojojo...

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Ahora decide: tus palabras o tu alma ¿cual eliges?

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