EVANGELINE EL DESPERTAR

Fue dicho en un pasado que los sueños son el reflejo de nuestras vidas pasadas …

Una ventana hacia el futuro, que te ayudan a superar las pruebas que se avecinan; o simplemente; hacerte espectador de tu propia vida…

¿Qué harías si tu destino, dependiera de esos recuerdos, vueltos sueños? ¿Qué, si te revelaran que tus camino no podrán ser aquellos que tenias planeado?

Enseñándote que el futuro; es más incierto de lo que pensabas, y que deberás sobrevivir. Si quieres llegar… ¿Piensas que el mundo es simple? Yo lo hacía, yo si… lo hacía...


Parte X Sintonia



Emma

Cuando Eva salió abruptamente del cuarto, Emma se quedó mirando el marco de la entrada por donde había salido su amiga y luego al pequeño niño junto al guerrero que se había quedado con ellos en la sala. Zacarías, que estaba junto a ella, rompió primero el silencio:

—Sabes cómo es, Emma —trató de tranquilizarla—. Ella necesita pensar...
—Lo sé... —le aseguró Emma a su amigo, que le dio un pequeño apretón en la mano—. Es sólo que... tú sabes, no me gusta que ella se sienta así —le dijo a su amigo antes de girarse hacia los extraños en la casa y hablarles de una forma fría y distante—. No me malentiendan, siento lo que les pasa, pero para mí sólo cuentan los sentimientos de Eva

Los dos individuos frente ella sólo la miraron sin decir nada.

—Voy a buscarla... —le dijo a Zac mientras se paraba de pronto sintiendo algo agitarse dentro de su pecho.
—Pero... —trató de intervenir Zacarías.
—Sé que a veces es mejor dejarla sola... —dijo Emma algo triste y estando de acuerdo—, pero ésta no es una de esas veces. La conozco mejor que nadie, es mejor que la alcance.
—De acuerdo... —fue lo único que encontró Zac para decirle.

Él no podía discutir aquello. Zacarías sabía que esas dos tenían una conexión extraña, como si pudieran comprender lo que la otra sentía. Y que aunque se había abierto camino por ese escudo que crearon ambas, a veces sólo no podía contra ello.

—Gracias... —le dijo Emma inclinándose hacia Zac, depositando un beso en su mejilla y marchándose de la sala.



Evangeline

«Tú no eres de este mundo...», escuchó otra vez dentro de su mente, como un eco persistente que no se iba. « Tú no eres de este mundo». Eva quería gritarle que se callara, pero todo eso ahora sólo estaba dentro de su mente.

Como una mala película que se repetía una y otra vez. «Tú... Silencio», exclamó dentro de su mente mientras recordaba —sin poder evitarlo nuevamente— lo que le había dicho. Aquel hombre. La forma en que la miraba —con aquellos ojos tan negros que le gritaban que se fundieran. Que la atraían y transmitían una sinceridad que la hería profundamente y la hería porque Eva no quería que nada de lo que salía de aquella boca fuera cierto.  

«Si, lo soy», le repuso ella a su recuerdo y reafirmando lo que les había dicho en aquel momento. Negándose a ver o creer.

«No, nunca lo fuiste. Pudiste nacer en él, pero no eres de aquí», volvió a repetirle él después, sin siquiera apartar los ojos de ella rompiendo cualquier ilusión que pudiera crear. «Basta. Basta... —pensó Eva—. ¿Por qué le hacían eso? ¿Quiénes eran para destruir su vida? ¿Quién era...? ¿Quién era ella realmente?». Se preguntó entonces mientras caminaba por un sendero hecho de piedras del jardín del lado este de la casa de Zacarías. Eva ni siquiera prestaba atención al paisaje.

Estaba sola con sus pensamientos queriendo gritar por momentos, zapatear en otros como una niña... o dormirse y despertar diciendo que todo había sido un sueño. Pero por alguna razón estaba segura que eso no pasaría. Todo era real.

Observaba lo que la rodeaba con vacío interés, como si nada de lo veía realmente existiera frente a ella.
Sus ojos le picaban —amenazando con inundarse de lágrimas—, así que respiró un par de veces para calmarse. «Llorar no es la solución —se dijo severamente—, eso no». Y por alguna extraña razón, esa voz molesta dentro de su cabeza no le decía nada. Ninguna respuesta sarcástica como en la mañana o consejo, un vete a la mierda y estamos hundidas hasta el cuello. Sólo el silencio le hacía compañía y nada más. Oprimió sus manos en puños como si peleara con ella misma y volvió a mirar a su alrededor. Tratando de enfocarse en algo. Lo que fuera excepto sus pensamientos extraños y sombríos.

Cuando logró registrar algo, se dio cuenta que estaba en el jardín del lado oeste de la casa. «¿Cómo llegué aquí?», se preguntó por un instante antes de desechar la pregunta. No importaba cómo había llegado. Ella necesitaba estar alejada de todos, y ese era un buen lugar como cualquier otro. Se fijó en que había muchas flores a los lados del camino de piedra en esa parte del jardín. Todas de diversas especies. Y también registró que a un lado de la senda se hallaba una banca de madera a donde podría ir a sentarse.

Fue hasta la misma y tomó asiento mientras soltaba un suspiro de cansancio. En este momento no podía pensar en nada.

Su mente era un verdadero lío: Muchas preguntas... con respuestas extrañas. Desconocidos hombres de otro mundo, un niño raro con un animal en la cabeza. 

Suspiró de nuevo, cansada, y reclinó la cabeza hacia el respaldo de la banca.

Sé cubrió el rostro dejando rendijas con los dedos por las cuales observaba el cielo y trato de meditar.

«Está tan azul... —pensó Eva mientras fijaba la mirada en todo y en nada—. Como si nada hubiera cambiado —continuó diciéndose—. ¿No debería haber cambiado algo? ¿Por qué debería cambiar? ¿Y por qué no? —Era como si su vida realmente no estuviese tomando un giro de 180° y luego quisiese que comenzara de cero—. Maldición...», se dijo Eva. Quería gritar. Otra vez.


Nara

 «¿Cómo sucedió todo esto?», se preguntaba a sí mismo mientras observaba el andar de la joven reina. La muchacha parecía tan perdida que ni siquiera se había dado cuenta de que él estaba detrás de ella.  

Nara recordó entonces que cuando le contaron todo, la muchacha se limitó a mirarlos fijamente para luego levantarse diciendo que tenía que tomar aire. Medio había esperado que les gritara en la cara que todo era mentira tal y como lo habían hecho los otros dos humanos, pero ella sólo les ofreció el silencio.

Un silencio que sólo los puso nerviosos a él y a Iommi. Con cada palabra que salía de la boca de ellos vio como apretaba los puños en sus costados como si cada palabra fuera un golpe para ella. Nara soltó un suspiro y continuó caminando a cierta distancia de ella; no era bueno para eso de hablar. Y sé preguntó cómo tendría que proceder para acercarse a la joven reina.

Cada vez que la miraba, tenía el impulso de abrazarla y de decirle que todo estaría bien. «¿Qué rayos era todo eso?», exclamaba dentro de su mente ya que no reconocía ese lado de sí mismo. El querer reconfortar a otra persona era un sentimiento nuevo, y como nunca lo había hecho, era desconcertante ya que no sabía qué hacer.

Para calmarse, comenzó a recorrer el lugar con la vista. Le pareció un sitio muy peculiar, aunque nada de lo que veía se podría comparar con la belleza de Ceilenn. Después de unos instantes, casi sin pensarlo, volvió a fijar su mirada en ella —en la joven reina, Leiann—, que ahora estaba sentada de forma reclinada hacia atrás sosteniendo su rostro en las manos como si quisiera cubrirse de algo.

Nara cerró los ojos tratando se concentrar su mente en otra cosa. No podía acercarse a ella todavía. La reina se ponía nerviosa cuando ellos estaban cerca. Y cuando al fin había decidido alejarse de ella —sólo un poco—, escuchó un fuerte grito que penetró en la bruma de sus pensamientos y que lo obligó a abrir rápidamente los ojos buscando al enemigo.

«¿Quién se atrevía a atacarlos ahí?», comenzó a pensar Nara mientras registraba con la vista todo lo que lo rodeaba. Listo para atacar a quien sea que se hubiera atrevido a perturbar la tranquilidad de la joven, pero por más que buscó, no halló tal amenaza. Ni para la reina o para él. «¿Tal vez Leiann sufría otro ataque de su propio poder?», sopesó entonces mientras acortaba la distancia que lo separaba de la reina.

—¿Estás bien? —le preguntó rápidamente, quitando las delicadas manos del rostro de ella. La joven reina lo miro fijamente, sorprendida, mientras él la miraba preocupado—.  ¿Qué te sucede? ¿Por qué gritaste...?
—Yo... —le dijo la joven mientras el gesto de sorpresa pasaba a uno de ¿vergüenza? para después desviar su mirada de él—. Yo... bueno, veras, yo... ¿qué haces tú aquí? —le espetó ella de pronto tratando de sacar su manos de las de él—, dije que quería un poco de aire. Que necesitaba… necesito estar sola.
—Escuché lo que dijiste —le explicó Nara aún preocupado—, sólo... que no quería que anduvieras sola por ahí. Te podría pasar algo y eso no lo puedo permitir. Eres nuestra reina. Nada malo debe pasarte. Sólo me mostré porque gritaste y... —dudó antes de decir lo siguiente—. Eso me preocupó. Pensé que te ocurría algo. Así que, ¿por qué gritaste?

La muchacha trató nuevamente de zafarse de su agarre, pero viendo que era inútil, se limitó a mirarlo fijamente—: No-me-pasa-nada... —le respondió ella entre dientes.

—Uno no grita así sólo porque sí. Algo te debe haber pasado... ¿verdad? ¿Que fue?—preguntó Nara otra vez nada dispuesto a darse por vencido.

La joven reina suspiró, como resignada, antes de responderle:

—Estoy enfadada ¿de acuerdo? No sé lo que me está pasando. No sé lo que soy. No sé nada —le gritó ella, moviendo sus manos nuevamente para salirse de su agarre—. Esto es tan frustrante. Y me refiero a todo esto. Todo. Se parece más una película que a mi vida. Esto-no-se-parece-a-mi-vida... —le espetó furiosa por último, mirándolo directamente.
—Lo lamento, pero los hechos son los hechos. Sé que es difícil entenderlo para ti, pero tú eres nuestra reina. Nadie más. No existe nadie más para nosotros...—le explicó Nara tratando de que entendiera—. Leiann, ¿por qué no lo entiendes? Te necesitamos. Moriremos sin ti.
—Primero que nada, yo... ­ yo soy Eva, no me llames eso... —comenzó ella desviando la mirada de la suya nuevamente y mirándose los dedos como si fueran la cosa más fascinante del mundo aprovechando que Nara la había soltado de las manos—. Y yo no... No sé qué esperas, lo que esperan de mí. Pensaste que vendrían aquí y me dirían: «Ey, oye, tú... eres nuestra reina, ven con nosotros...». Y que luego no sé, ¿pensaron que yo aceptaría todo y qué me iría?, ¿con ustedes? —le replicó en un murmullo lleno de sarcasmo—. Perdóname, pero decirme que tengo el alma de una reina muerta, hija de quien sabe que diosa de otro mundo, no es algo que pasa todo el tiempo. Al menos no en mi mundo, amigo. No esperes que salte hacia ti o hacia este «Ceilenn imaginario», ni tampoco pienses que crea que existe sólo porque ustedes lo dicen...
—Ceilenn no es un mundo imaginario. Es tan real como este mundo. Deberías por lo menos aceptar que existen cosas más allá de lo que conoces. Además, ¿qué hay de tus sueños? —le preguntó Nara en tono razonable—. Nosotros no te dimos esos sueños. Es más, ni siquiera sabíamos que tú existías hasta hace poco... y según lo que nos contaste, tú has tenido esos sueños desde que eres una niña, sólo que no los recordabas. Al menos hasta ahora...
—Pero yo no lo recuerdo todo y... —le dijo ella.
—No hay peros, el Kairos te lo dijo. Lo que tú ves en los momentos en los que estás dormida no son sólo simples sueños; son tus recuerdos... los recuerdos de la anterior reina. Incluso él nos ha dicho que aunque aún no sientas el llamado de Ceilenn, la reina en ti sí lo hace.
—Lo recuerdo, recuerdo todo lo que ese niño dijo y también… —le dijo ella medio dudando de si decirle o no—. Yo sí... es decir, yo también lo siento —le confesó ella en un susurro—. El llamado...
—¿Qué? —exclamó sorprendido Nara—.Entonces ¿por qué te niegas a aceptar tu destino?
—Ya te lo dije, ¿es qué no escuchas? —le gritó la reina, levantándose repentinamente de donde estaba sentada mientras el retrocedía unos pasos—. Tengo miedo
Nara se acercó a ella nuevamente y entonces, rápidamente, se postró ante ella tomándola de la mano:
—No debes temer mi reina. Nosotros, los Belhor, siempre estaremos a tu lado, para eso estamos. Protegemos a la reina. Servimos a la reina para todo lo que ella necesite y quiera...
—Esto es... es, tan sólo demasiado... —le dijo ella mientras sus ojos se agrandaban por el asombro ante sus palabras—. ¡Y Dios! Pero yo si aceptara... Si lo hiciera, tendría que dejar este mundo y no podre regresar, ¿verdad? —le preguntó ella mirándolo sin despegar los ojos de los suyos.
—Eso es inevitable... —le contestó Nara. Él no le mentiría.
—Yo no sé qué decir. Yo no... —comenzó a decirle ella y entonces Nara la sostuvo más firmemente de las manos y se lo mostró. Le mostró lo que pasaría a su mundo si ella no regresaba con ellos. La muerte de su mundo.

La muerte de Ceilenn.


Evangeline

Muerte, desolación y absoluta oscuridad se extendieron ante su visión de Ceilenn. Eva se dio cuenta de que ese hombre le estaba mostrando lo que le pasaría a su mundo. Pero lo que el guerrero no sabía es que, sin siquiera percibirlo, él había animado esa parte dentro de ella que estaba unida a ese mundo, ocasionando que Leiann despertara nuevamente y sin aviso.

Las almas de cientos y miles de vidas rogando golpeó la mente de Eva hasta su conciencia. Dejándola aturdida en medio del jardín. Todas esas voces llamándola se hacían cada vez más y más intensas.

El llamado de ese mundo desconocido por su parte humana le estaba gritando tan desesperadamente que incluso el alma de Eva se removía inquieta al igual que el de la reina, ambas tratando de alcanzar a las voces.
Sus almas, tanto la Cely como la humana, resonaron al mismo tiempo en ese instante, como si en ese momento se hubieran convertido en una.

Entonces Eva o ¿era Leiann?, sostuvo la mano del guerrero firmemente. Leiann había despertado otra vez, luchaba por retornar a su propio mundo.

—Iremos... —le dijo Eva/Leiann al guerrero, que la miró sorprendido porque su voz traía el eco de otra—. Iremos... necesitamos ir. Ahora, ellas nos llaman y las oigo. Escucho su canto, ¿tú las escuchas? Mi alma resuena ante ellas...
—¿Qué voces? —le preguntó confuso el guerrero—. Yo sólo te mostré al Ceilenn de mis memorias... ¿Qué es lo que escuchas?
—Me has mostrado más de lo que crees... —le aseguró Eva/Leiann, que no reconociendo su propia voz trató orientar sus pensamientos «Debo ir», escuchó decir a una voz dentro de su mente mientras se preguntaba: «¿es la mía?». Ni siquiera a ella misma lo sabía.

«¿Por qué estoy aceptando ir?»,  sopesó Eva mientras se dirigía al hombre postrado frente a ella. «¿Qué no he tenido miedo?», se preguntó tratando de entender lo que estaba mal con ella. «Y aún lo tengo... » 
se dio cuenta, pero aun así, dentro de su corazón sabía, tenía que admitirlo, aun con sus dudas, con todo lo que dejaría, quería ir a ese mundo, debía ir. Era lo correcto...

—Iremos, guerrero. Ahora... debemos ir e iré... —volvió a repetirle Eva/Leiann al guerrero mientras liberaba su poder para acceder al corredor a través del hombre postrado ante ella, sin siquiera pensar mucho en ello.

La parte de su alma que era Leiann la obligó en ese instante a aceptar su destino. 

Lo quisiese ella realmente o no.


Zacarías

Zacarías estaba preocupado. Hacía más de media hora que Eva y Emma se habían ido de la sala y estaba empezando a ponerse nervioso. En eso vio como el niño que tenia al gatito en la cabeza, como si fuera un sombrero, se levantó de pronto y se transformó en un hombre de entre 1,98 de alto, joven y fuerte, con una mirada de ira en el rostro.

—Le advertí a ese guerrero arrogante que no hiciera aquello —exclamó el antes niño enano a nadie en particular.  
Luego exclamó en una lengua extraña y miró al guerrero haciendo una señal rara mientras desaparecía frente a sus ojos.
—¿A dónde demonios se fue? —exclamó Zac al otro individuo quien tenía una mirada seria.
—La reina ha traspasado... —le contestó medio sopesando lo que decía—, la barrera entre ambos mundos.

Zacarías se adelantó hacia el guerrero y colocó una mano en su antebrazo antes de preguntar:

—¿De qué demonios estás hablando? Él la ha obligado... ¿es eso?
—No —le respondió—. La reina ha pasado por voluntad propia. El Kairos incluso hizo la señal que la otra también...
—¿La otra? ­—le irrumpió Zacarías en un tono confuso antes de comprender la magnitud de lo que ocurría—Te refieres a Emma, ¿pero cómo?
—No lo sé, es por eso que él guardián está enojado, creo... —explicó el guerrero tensamente—. Debo ir y encontrarlo primero, si no...
—No sin mi —replicó Zacarías con voz firme.
—No creo que... —empezó el guerrero llamado Iommi.
—Iommi. No sin mí —volvió a repetir Zacarías, aún más autoritariamente.
—Podría tan solo golpearte y dejarte inconsciente, ¿sabes? —le comentó casualmente el Cely a Zacarías, pero luego, con una fiera mirada y una gran sonrisa, agregó—: Pero como veo que tu preocupación es sincera y tu espíritu fuerte, te llevaré conmigo. Sólo no me culpes si mueres.

Y ambos desaparecieron de la sala sin dejar ningún rastro.



Kairos
Noticias Nacionales

«Tres adolecentes han desaparecido de la localidad de Ashford. Ya han pasado tres semanas desde su búsqueda.
Cualquier noticia que puedan tener sobre ellos, por favor, informad a las autoridades próximas a sus domicilios a los números que aparecen en pantalla.
Los jóvenes son: Emma Petrucci, 16 años, hija de la prestigiosa familia Petrucci; Zacarías Drent, 17 años, único hijo de la acaudalada familia Drent; y la joven Evangeline Legmond, 16 años, compañera de la primera joven, Emma Petrucci. Se recompensará por cualquier información sobre el paradero de estos tres jóvenes.
Toda la comunidad de Ashford, y los padres de las familias de estos chicos, se lo agradecerá.»



1 mes después
«Aun sigue la búsqueda de los adolecentes desaparecidos...
Interferencia...
...son buenos chicos. Por favor, cualquier información que pueda ayudar a mitigar el dolor, el sufrimiento de estas tres familias...
Interferencia —voces, murmullos— interferencia.
El sonido de apagado. Silencio... y encendido.
Las noticias corren otra vez —como estábamos diciendo hace unos minutos antes de los problemas técnicos—, el huracán Irene volvió a golpear las costas del...»


La figura de una mujer —aparentemente normal— se encontraba viendo las noticias dentro de la antigua casa de Zacarías. Ésta revisaba con la vista cada espacio de la habitación en donde se encontraba. Luego inclinó la cabeza ligeramente hacia la pantalla de la televisión donde se veía la imagen del desastre meteorológico de las noticias, olvidando por completo el anuncio anterior, como si jamás se hubiera emitido. «Bien, bien...» pensaba aquella mujer dentro de su cabeza mientras revisaba los otros cambios con una simple orden de su mente.

En eso, otra figura, esta vez masculina, apareció a su lado, a unos pasos de distancia.

— ¿Terminaste? —le preguntó el recién llegado, con una expresión aburrida.
—Sí...—respondió ella, observándolo sin ningún cambio de expresión.
—Increíble. Terminamos rápido... —sopesó el otro en voz alta—. Fue nuestra mejor decisión con respecto a ellos...
—Por supuesto... —indicó ella tras una sonrisa delicada—. Ellos ya no pertenecen a este mundo. Por lo tanto, todo lo que fueron, realmente nunca existió o ya no existe o no lo harán ya. Es la regla y podría decirse que ellos escogieron.
—Cierto, cierto. Terminé mi parte del trabajo ¿Ya podemos irnos? —exclamó preguntando alegre de pronto con sus ojos echando chispas. Nunca logrando concentrarse en un asunto por mucho tiempo.
La mujer suspiró ante aquello y contestó:
 —Sí, vamos... éste no es nuestro lugar. Tenemos cosas que hacer.
—¿Y dónde está el tercer guardián? —preguntó de pronto confuso el hombre.
—¿Cuál tercero? Sabes que en el Shalm sólo somos dos guardianes...
El hombre pareció confuso y mareado repentinamente, como si algo dentro de él se rompiera. La mujer no se movió de donde se encontraba, sólo mirándolo extrañada.
—Entonces, ¿quién era ese niño que estaba con ellos? —pregunto él de pronto—.Ha jugado con mi mente, ¿verdad?
—No lo sé... —le respondió ella rígidamente—, pero no era un guardián.
—¿Y entonces porque no me has dicho nada? Se estaba haciendo pasar por uno de nosotros.
—Como ya te he dicho muchas veces, nosotros no intervenimos a menos que sea necesario... —explicó ella, paciente y sería, a su compañero—. Y jamás nos metemos en asunto de los dioses. No a menos que queramos morir.
—¿Era un dios...? —preguntó medio afirmando y dándose cuenta que era verdad al segundo siguiente. Ningún otro podría haber afectado a un Kairos si no fuera así—. ¿Cuál?
—Silencio, mejor olvídalo. Eso no es importante para nosotros... —indicó ella, cortando la pregunta de él—. Sólo vámonos, ya hicimos lo que se nos ha ordenado.
—Está bien...—exclamo él, sacudiéndose el malestar anterior.

Cuando ambos guardianes desaparecieron de aquella casa, ésta quedo vacía. Sin ningún rastro de que alguien hubiese estado allí alguna vez.

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10 comentarios:

  1. Bueno espero les gusteeeeeeee¡¡¡¡¡¡¡¡¡ *o*

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  2. Me gusto!!!
    Todos desaparecieron O.O
    La reina al fin desperto ^^
    Y los kairos borraron todo rastro de ellos en nuestro mundo
    Ya quiero leer lo que se viene ^^

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  3. sip, todo rastro desapareció del Shalm *o*

    Que bueno que te gusto¡¡¡ *o*

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  4. Me he quedado en el tiempo otra vez!! Lamento no haber visitado tu blog desde hace ya mucho rato. Pero es que he estado ocupado. Creo que mi vida llego a su fin con la facultad -.-, en fin me pondré al tanto de tu historia :D, cuando lleve leído todos los capítulos te avisare, yo ya termine con la mía, y creo que por ahora me tomaré un recreo y haré videos de series de anime y les pondré música :D, es mas fácil.
    Te felicito porque eres una persona con una inspiración que nunca se agota y eso dice mucho de ti

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  5. Muchas Gracias¡¡¡¡¡¡ *o*


    PD: sip, tu historia, de ruka, se ha terminado, estuvo genial jiijiji¡¡¡¡¡

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    1. hola!!! sabes, am sé que por algo encontre esta pagina,hay algo que debo decirte es muy personal y me gustaria poder mandarte un correo pero no puedo la pagina rechaza y no sé porque, asi que te ruego que me paces alguno donde pueda contactarte, es muy importante para mi lo que tengo que decirte, asi que por favor dime como puedo decirtelo :) siip?
      pd- no es nada malo :)

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    2. espero que te haya gustado la blog novela jejejeje¡¡¡¡ Pues no tengo ni idea de porque te rechaza el correo :( pero aqui te dejo otro correo

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  6. buenooo mi otro correo es neiva410@hotmail.com jijijiji :* Estare esperando...
    Besosss¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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  7. ¿Entendí bien?,¿ Kairos no es un guardián, es un Dios? Entones él es quien la protege, ¿no?
    Muy buena entrada.
    Saludos.

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  8. ajjajajaajaja me encanta tu pregunta. Nadie la ha hecho jaojojojojojo Se verá quien es en su momento *o* Muchas gracias por tus comentarios¡

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Ahora decide: tus palabras o tu alma ¿cual eliges?

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Evangeline la reina de la oscuridad by Gloria Neiva Antúnez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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